Animales

Mi loro no habla

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Uno de los mayores atractivos de estas mascotas es su colorido plumaje, otra, ¡su capacidad de hablar! Los loros memorizan frases y son capaces de repetirlas a la perfección, o incluso imitar las voces de la gente. Si tienes un loro, seguramente estarás deseando que empiece a hacerlo, así que vamos a enseñarte cómo hacer que un loro hable… ¡y que empiece la conversación!

2. ¿Dónde coloco la jaula?

Encontrar un lugar agradable para tu loro no es difícil. Tiene que ser un lugar agradable, tranquilo y de temperatura media: evita las zonas donde haya corrientes de aire, pero tampoco lo dejes donde le pueda dar directamente el sol.

Procura que sea una habitación espaciosa para que no se agobie, y que esté alejado de olores agresivos y ruidos molestos (como por ejemplo, la cocina).

4. Repite, repite, repite

Las frases que quieras que memorice, dilas a menudo durante el día, en situaciones ajenas a él (que las oiga aunque no le hables directamente a él). Procura que el tono sea alegre y enérgico, pero de forma natural. Además, haz que las frases sean coherentes en el momento en que las digas. Por ejemplo:

  • Dile buenos días por la mañana, buenas noches al irte a dormir.
  • Cuando le vayas a dar de comer, di ¿tienes hambre? y después de comer ¿estaba rico?
  • Saluda y despídete al llegar y al salir de casa.

Asociar las palabras con momentos determinados facilitará que las memorice y que sea capaz de repetirlas mucho antes.

5. Utiliza el refuerzo positivo

Esta es la clave, si quieres realmente saber cómo hacer que un loro hable, prémiale cada vez que lo haga. Así harás que lo relacione con un buen comportamiento y lo convertirá en un hábito. ¡Todas las mascotas aprenden mucho más deprisa cuando se les dan recompensas!

7. Nada de palabrotas

No te recomendamos enseñar a tu loro a repetir palabras feas e insultos. ¡Él no sabrá que está diciendo algo malo! Y si se las dicen a alguien desconocido, podrían contestar de mala manera y asustar a tu loro. O peor, puede que empiece a asociar el hablar con momentos desagradables y que decida dejar de hacerlo. Además, podrían ir a quejarse y pasarás un mal rato a lo tonto.

Tampoco deberías utilizar grabaciones para el entrenamiento del habla en loros, existen, pero no son aconsejables, ya que causan mucha ansiedad. Aprender a hablar debería ser un reto interesante para tu loro, no una tortura.

Hacer que un loro hable no es difícil, pero puede que te lleve un poquito de tiempo. ¡Ten paciencia! Con el tiempo conseguirás que tu loro sea todo un cotorro. ¡Y será muy divertido!

Cómo conseguir que mi loro hable

Lo primero que debes hacer cuando un loro llegue a casa es tranquilizarte y, sobre todo, dejarle a él que se tranquilice y se vaya habituando a la familia y a la casa. Entiende que acaba de llegar a un sitio nuevo con gente desconocida, como todo ser, estará abrumado, asustado y desconfiado. Dále tiempo.

Practica un acercamiento cada día, intenta que coma de tu mano, acaríciale la cabeza, déjale que se suba a tu mano, etc. Sácale de la jaula para que pasee, pero vigila que las puertas y ventanas estén cerradas para que no pueda escapar, y también para que no corra peligro de darse un golpe.

Cuanto más integrado se sienta el loro en la familia más contento estará y en consecuencia receptivo a hablar y mostrar su felicidad. A la hora de comer, comparte con él ensalada, fruta, pan o queso fresco. Al tiempo que compartes con él tus momentos, háblale como si fuera un niño más de la casa. El loro irá así aprendiendo las palabras y tus instrucciones. No le enseñes palabras malsonantes o a la larga todo el mundo se hartará de él por maleducado.

Trucos y consejos para conseguirlo

La llegada de un loro a nuestro hogar supone un cambio muy importante en la vida del animal. Pasa a convertirse en un uno más de la familia, se adapta a la rutina de nuestro hogar, conoce a los miembros de la familia, y no se asusta de nuestra presencia. Le hemos ubicado en una jaula amplia, cuadrada, de fácil limpieza, en un lugar de la casa que esté alejado de productos que puedan tener emanaciones tóxicas, resguardado de corrientes de aire, y que pueda vernos el mayor tiempo posible.

Durante los primeros días, iremos realizando algunos ejercicios básicos para conseguir su confianza, como darle de comer de nuestra mano, acariciarle la cabecita, y hacer que se suba a nuestra mano. A partir del momento en que nuestro loro es capaz de subirse sin temor a nuestra mano, la confianza va a ser cada vez mayor. Cada vez que saquemos a nuestra mascota de la jaula, vigilaremos que no haya ninguna puerta o ventana abierta por la que pueda escapar, y correremos los visillos o cortinas, para que el animalito no crea que la ventana está abierta, y pueda golpearse en pleno vuelo contra el cristal.

Tiene que sentirse a gusto

Casi todos los loros son animales gregarios, es decir, viven en bandadas en ocasiones formadas por cientos de aves, en las que se relacionan e interactúan, comiendo juntos, durmiendo juntos y trasladándose de una zona a otra en grupo. Aprovecharemos esta circunstancia para que nuestro loro aprenda de nosotros. La hora de comer de los humanos, por ejemplo, es un momento en el que nuestro loro disfrutara muchísimo sintiéndose uno más.

Es recomendable a esa hora, mientras comemos, que él pueda observarnos, que le hablemos y le demos algo de comer incluso de nuestra mesa, para que se sienta integrado: un trocito de fruta, verdura de la ensalada antes de aliñarla, un cachito de queso fresco bajo en grasa o incluso un pequeño trocito de pan harán que el loro se sienta feliz compartiendo las actividades de su 'bandada humana'. Ni que decir tiene que nos abstendremos de darle comida con sal, frituras o productos demasiado grasos, que pueden dañar de modo irreversible su delicado hígado.

Cómo hacer que hable

Casi todos nosotros, cuando nos planteamos adquirir un loro, pensamos en un animal que nos salude por las mañanas, cante el himno de nuestro equipo de fútbol favorito y diga palabras divertidas. En realidad, la inmensa mayoría de los loros son capaces en mayor o menos medida de cumplir con estas expectativas, aunque cuando conocemos más de cerca de a nuestra mascota, vemos en él tantas habilidades que el habla pasa a un segundo lugar.

De todos modos, si queremos que diga algo, procederemos hablándole con normalidad, le saludaremos al entrar en casa (?Hola, Paco. Ya estoy en casa?), diremos lo que vamos a hacer cuando queremos que salga de la jaula ( ?Paco, ahora te voy a abrir para que juguemos un ratito en el sofá, ?vale??) y le diremos un ?no? rotundo cuando haga alguna cosa que no debe hacer. Poco a poco, él ira entendiendo la mayoría de las cosas que le decimos, e incluso las utilizará para interactuar con nosotros.

Si el loro ve que las palabras, utilizadas en un contexto determinado, le dan un resultado concreto (al decir ?pipas, pipas? recibe un premio, por ejemplo) se interesará mucho más por aprender y utilizar palabras.

No es aconsejable ponerle una grabación en la que se repita constantemente la misma palabra, ni tapar la jaula para que solo escuche, y muchísimo menos ofrecerle bebidas alcohólicas para que se desinhiba y rompa a hablar.

Aunque a algunos puede sorprenderles este apunte, éstas son prácticas utilizadas en algunos lugares, que pueden dañar tanto física como psicológicamente a nuestro loro, y que jamás tenemos que usar por mucho que leamos en distintos medios que son útiles.

Palabras malsonantes

Por último, una recomendación más: procura no enseñarle a tu loro palabras malsonantes. A algunas personas les parece muy divertido que su loro insulte a cualquiera que pasa por la calle cuando está tomando el sol, y además, al animal probablemente le encante repetir sin cesar esas palabras si se las enseñamos, porque dan como resultado que llama la atención de todo el que le escucha, e incluso se giran a mirarlo y le dicen algo (aunque sea un reproche).

No es muy responsable enseñarles este tipo de comportamientos porque, si nuestro loro está bien cuidado, probablemente, y dependiendo de la especie, sus expectativas de vida sean superiores a las nuestras en muchos casos. Pensemos, por tanto, que lo que a nosotros nos parece gracioso puede resultar molesto a los oídos de otras personas que tengan que hacerse cargo de él más adelante, y por tanto, enseñarles insultos puede suponer garantizar a nuestra querida mascota una vejez en el cuarto más alejado de la casa, donde nadie pueda escuchar sus malos modos.

Es responsabilidad nuestra no solo procurarle una buena alimentación, sociabilización y cuidados en el hoy, sino además, prever en lo posible los cambios que se darán en la vida de una mascota cuyas expectativas de subsistencia en muchos casos rebasan ampliamente los 70 u 80 años.

Video: Qué hace que los loros hablen como humanos? (Julio 2020).

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